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Siete nuevos buzos mariscadores obtienen su certificación y apuntan al recambio generacional en las caletas de Valparaíso

29/09/2026

Los participantes aprobaron las pruebas prácticas ante la Autoridad Marítima tras completar un programa de 120 horas que incorporó seguridad, técnicas de buceo y sostenibilidad marina. La iniciativa busca responder también a un problema que comienza a preocupar a las organizaciones pesqueras: el envejecimiento de quienes ejercen el oficio y la falta de nuevas generaciones.

Cuando Mauricio Silva Tapia tenía entre 12 y 13 años observó por primera vez el fondo marino a través de una máscara. El buceo no era algo desconocido en su familia: su abuelo había sido buzo y su padre también. Décadas después, esa historia familiar sumó un nuevo capítulo.

El pasado 15 de septiembre, Silva fue una de las siete personas que aprobaron en Valparaíso las pruebas prácticas exigidas por la Autoridad Marítima para obtener la certificación de Buzo Mariscador Básico “Es un amor incondicional al mar. Seguir ligado al mar es algo muy emocionante, muy importante para mí”, relata.

La certificación fue el resultado del Curso de Buzo Mariscador Básico con Énfasis en la Sostenibilidad Marino-Costera, organizado por Fundación Capital Azul en el marco del Proyecto GEF Incentivos para la Conservación de la Biodiversidad e impartido por VALPOSUB.

El programa reunió inicialmente a nueve participantes vinculados a los sindicatos de pescadores artesanales de Maitencillo y Ventanas, además de familiares, colaboradores de las caletas y personas provenientes de otras comunidades costeras. Tres de quienes iniciaron la formación fueron mujeres.

De los nueve participantes, siete superaron primero la evaluación teórica y posteriormente llegaron hasta la prueba práctica realizada en el Muelle Barón, en Valparaíso. Todos quienes alcanzaron esa instancia consiguieron aprobarla.

El proceso contempló 120 horas de formación semipresencial, incluyendo contenidos sobre seguridad, primeros auxilios, fisiología, técnicas de trabajo submarino, conocimiento del medio ambiente marino y sostenibilidad de los ecosistemas costeros.

La evaluación final exigió demostrar capacidades concretas bajo condiciones controladas. Los postulantes tuvieron que nadar 100 metros en menos de dos minutos y medio, permanecer durante un minuto en apnea estática, completar 15 metros de apnea dinámica, aclarar una máscara de buceo bajo el agua y compartir aire con dos compañeros en el fondo marino.

Para Ema Salazar, superar las pruebas tuvo una dificultad adicional. A diferencia de varios integrantes del grupo, llegó al curso sin experiencia previa en buceo y durante el examen debió repetir en dos oportunidades la prueba de natación de 100 metros antes de conseguir aprobarla.

“Es un cúmulo de emociones haber logrado este desafío. Para mí es un gran logro”, señala.

Su intención ahora es continuar practicando y posteriormente avanzar hacia nuevas licencias y especializaciones.

El problema del recambio generacional

Pero detrás de las siete nuevas certificaciones aparece una preocupación de más largo plazo para las comunidades pesqueras: el envejecimiento de quienes actualmente desarrollan labores de buceo y la dificultad para incorporar nuevas generaciones al oficio.

Andrés Smith, encargado de monitoreos de biodiversidad de Fundación Capital Azul, explica que el fenómeno ya puede observarse en las organizaciones con las que trabajan: “Los buzos ya están más viejos y los jóvenes no se interesan tanto en la actividad marítima”, sostiene.

La formación busca precisamente ampliar la cantidad de personas capacitadas dentro de las comunidades costeras y facilitar la continuidad de una actividad que históricamente se ha transmitido entre generaciones y, muchas veces, dentro de las propias familias.

La iniciativa tiene, además, una segunda dimensión. La expectativa es que los nuevos buzos puedan posteriormente adquirir conocimientos para participar en monitoreos de biodiversidad y servicios ecosistémicos en Refugios Marinos, generando información desde las propias comunidades sobre el estado de los ecosistemas.

José Valencia, coordinador de Experiencias Marinas del Proyecto GEF Incentivos, explica que la formación responde a una necesidad detectada en las experiencias demostrativas desarrolladas en la Región de Valparaíso.

“Este curso responde a una necesidad concreta de las Experiencias Demostrativas Marinas en la Región de Valparaíso: contar con más personas capacitadas y certificadas para avanzar posteriormente hacia monitoreos de biodiversidad y servicios ecosistémicos en los Refugios Marinos”, señala.

Según Valencia, el objetivo es que las organizaciones de la pesca artesanal cuenten progresivamente con herramientas para generar información en sus propias áreas de manejo, evaluar los resultados de las medidas de conservación y avanzar hacia una gestión adaptativa con enfoque ecosistémico.

La certificación ante la Autoridad Marítima es, por lo tanto, solo la primera etapa. Fundación Capital Azul espera ahora vincular a los nuevos buzos con el monitoreo de los Refugios Marinos que impulsa junto con organizaciones de pescadores artesanales. Estos espacios requieren levantamientos periódicos que permitan conocer la evolución de los ecosistemas y determinar, entre otros indicadores, cambios en la cantidad y biomasa de las especies presentes “La primera capacitación era para que aprendieran a bucear y se certificaran ante la autoridad marítima, y ahora nos toca enseñarles a monitorear”, explica Smith.

El siguiente paso será entregar herramientas para que puedan registrar la biodiversidad submarina utilizando metodologías científicas. La expectativa es que esa especialización no solamente fortalezca las capacidades de las organizaciones pesqueras, sino que eventualmente pueda generar nuevas oportunidades laborales asociadas a la conservación y el monitoreo marino.

El desafío conecta con una discusión más amplia dentro de la actividad pesquera. La formación y profesionalización de los oficios marítimos ha comenzado a ocupar espacio también en el debate sectorial: durante 2026 representantes de la salmonicultura plantearon ante la Comisión de Pesca de la Cámara la necesidad de profesionalizar labores como las de buzo acuícola, mientras la seguridad de quienes desarrollan trabajos submarinos fue identificada como una de las materias complejas de la actividad.

Una capacidad que busca quedarse en las caletas

Para Maitencillo, Ventanas y las otras comunidades costeras involucradas, el resultado concreto es que siete personas cuentan ahora con una certificación que les permite iniciar una nueva etapa de trabajo bajo el agua.

Pero el alcance que pueda tener la iniciativa dependerá de lo que ocurra después de la obtención de las licencias. La apuesta del programa es que el conocimiento adquirido permanezca en las propias comunidades y permita combinar una actividad productiva tradicional con nuevas capacidades asociadas al conocimiento y cuidado de los ecosistemas.