Una cámara de vigilancia de 360°, alimentada con energía solar y administrada por organizaciones locales, reforzará la protección del banco natural ubicado en el estuario del río Huellelhue, en la Región de Los Lagos. La medida forma parte de un proceso más amplio que ya permitió producir y reintroducir más de un millón de semillas de choro zapato.
La recuperación del choro zapato (Choromytilus chorus) en el estuario del río Huellelhue sumó durante septiembre una nueva herramienta. Las comunidades y organizaciones de Caleta Huellelhue, en la comuna de Río Negro, comenzaron a implementar un sistema de monitoreo destinado a reforzar la vigilancia sobre el banco natural de este recurso y acompañar el proceso de repoblamiento que se desarrolla en la zona.
La iniciativa considera la instalación de una cámara con visión de 360 grados, ubicada en un punto definido como estratégico para el resguardo del banco y conectada a un sistema autónomo de energía solar. La diferencia respecto de un sistema convencional de vigilancia está en quién tendrá a su cargo su funcionamiento: serán las propias organizaciones del territorio las encargadas de administrarlo.
La medida forma parte de la Experiencia Demostrativa impulsada por el Proyecto GEF Incentivos para la Conservación de la Biodiversidad, junto al Centro de Pesca Sustentable, y busca consolidar un modelo de gobernanza, monitoreo y manejo comunitario orientado a recuperar el ecosistema estuarino.
El sistema entrará inicialmente en un periodo de prueba para evaluar tanto el funcionamiento de los equipos como la conexión a internet necesaria para mantener la vigilancia. Esa infraestructura también permitirá mejorar la conectividad de la localidad.
Un sistema administrado desde el territorio
La instalación no fue definida únicamente desde los organismos técnicos involucrados en el proyecto. Según los antecedentes entregados, la ubicación y las características del sistema fueron analizadas junto con las comunidades y organizaciones de Huellelhue.
Como parte del proceso se elaborará además un protocolo de Buenas Prácticas de Monitoreo, que establecerá criterios para la utilización y administración responsable del sistema por las organizaciones integrantes de la Mesa de Coordinación Territorial de Caleta Huellelhue.
Rubén Romero, presidente de esa instancia, sostuvo que la herramienta permitirá reforzar una tarea que hasta ahora ha descansado principalmente en la organización de los propios habitantes.
“La instalación de la cámara en Huellelhue es un sistema que nos va a dar un gran apoyo de vigilancia, para poder resguardar y cuidar el producto llamado Choro Zapato. Creo que esa vigilancia nos va a permitir comunicar a las autoridades y ser nosotros las personas que tengamos la facultad de cuidar el producto y que no se explote de manera imprudente”, señaló.
Romero agregó que la comunidad se encuentra satisfecha con la implementación y calificó la medida como “una muy buena iniciativa”.
De la veda al repoblamiento
El monitoreo se incorpora a un proceso de recuperación que lleva varios años y que combina restricciones extractivas, producción de semillas y participación de pescadores, comunidades indígenas, instituciones científicas y establecimientos educacionales.
Parte de la costa y del río Huellelhue se encuentra dentro del Área de Conservación de Múltiples Usos Lafken Mapu Lahual, creada en 2005 y que comprende 4.463 hectáreas marino-costeras de la provincia de Osorno.
El Plan de Manejo del área, aprobado en 2019, reconoce al choro zapato como uno de sus objetos de conservación. Ese mismo año comenzó a aplicarse una veda extractiva destinada a enfrentar la sobreexplotación del banco natural.
Actualmente, la prohibición de extracción para el choro zapato y el chorito quilmahue (Mytilus chilensis) se mantiene vigente en toda la extensión del área protegida hasta marzo de 2028.
Pero el trabajo desarrollado en Huellelhue ha avanzado más allá de restringir las capturas.
Durante 2025 y comienzos de 2026, pescadores y buzos locales extrajeron ejemplares adultos del estuario para utilizarlos como reproductores. Los individuos fueron trasladados al hatchery del Liceo Politécnico Pesquero de Mehuín, donde profesores y estudiantes participaron en la producción de larvas.
Las larvas fueron alimentadas con microalgas producidas en las mismas instalaciones y permanecieron bajo controles de temperatura, oxígeno y salinidad hasta transformarse en semillas aptas para comenzar su retorno al medio natural.
El proceso permitió producir más de un millón de semillas, posteriormente instaladas en líneas de cultivo en el río Huellelhue para su acondicionamiento antes de su reinserción definitiva en sectores donde históricamente existió una alta presencia del recurso.
El trabajo continúa actualmente con participación del Departamento de Repoblación y Cultivo del Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), que mantiene la producción de semillas provenientes de reproductores de Huellelhue en el Centro de Maricultura Hueihue, en Ancud.
Uno de los componentes centrales del modelo ha sido combinar herramientas científicas con el conocimiento acumulado por pescadores y habitantes del territorio.
Miguel Espíndola, director de Conservación Oceánica del Centro de Pesca Sustentable, explicó que ese conocimiento fue considerado tanto para decidir los lugares de siembra como para determinar dónde instalar el nuevo sistema de vigilancia.
“Sus habitantes son quienes mejor conocen el territorio de Huellelhue y ese saber ha sido determinante para definir dónde sembrar las semillas y, ahora, dónde instalar el sistema de resguardo”, afirmó.
Según Espíndola, la participación local también alcanzó al diseño de la herramienta. “Ha sido la propia comunidad, a través de su Mesa Territorial, quien ha decidido qué tipo de sistema de monitoreo necesita y cómo debe administrarse”, sostuvo.
Amerindia Jaramillo, coordinadora nacional del Proyecto GEF Incentivos para la Conservación de la Biodiversidad, destacó que el proceso ha permitido integrar “conocimientos científicos y saberes tradicionales de los pescadores artesanales y las comunidades indígenas de la zona”, con el objetivo de recuperar el banco natural y fortalecer prácticas sustentables.
El desafío de agregar valor a la conservación
El proyecto abre además una discusión que va más allá de recuperar la abundancia del recurso: cómo transformar los esfuerzos de conservación realizados por las comunidades en una herramienta que también genere beneficios económicos locales.
La proyección es que las buenas prácticas desarrolladas en Huellelhue puedan incorporarse en el futuro al Sistema de Certificación de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos, establecido por la Ley 21.600 y que será administrado por el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP).
Según explicó Jaramillo, la aspiración es que las prácticas de manejo puedan ser certificadas y que ello entregue valor agregado al choro zapato proveniente del área, reconociendo al mismo tiempo la contribución de las comunidades que han participado durante años en la protección del estuario.
La experiencia involucra además al Ministerio del Medio Ambiente y su Seremi regional, al SBAP, al IFOP y a otras instituciones vinculadas a la administración pesquera y marítima.
El siguiente paso será consolidar el funcionamiento del sistema de vigilancia y continuar el monitoreo de las semillas instaladas en el estuario. Una vez acondicionadas, estas serán trasladadas hacia sectores donde históricamente existieron mayores concentraciones de choro zapato.


