Este martes, en el Ministerio de Relaciones Exteriores, la subsecretaria Gloria de la Fuente se reunió con representantes de Sonapesca, los Pescadores Industriales del Biobío y varias empresas productoras de jurel. El motivo: celebrar una noticia importante para la pesca chilena. La pesquería de jurel obtuvo nuevamente la certificación del Marine Stewardship Council (MSC), lo que confirma que sigue cumpliendo con los más altos estándares internacionales de sostenibilidad.
Esta recertificación, válida por cinco años, garantiza que el principal recurso pesquero del país se está explotando de forma responsable, cuidando los niveles del stock y el equilibrio del ecosistema marino. Según el comunicado oficial, este nuevo reconocimiento consolida al jurel chileno como una de las pesquerías más sostenibles del mundo , y como un ejemplo exitoso de recuperación tras más de una década de trabajo conjunto entre el sector público y privado.
Ciencia aplicada y mejores prácticas
Durante el encuentro, los dirigentes explicaron cómo fue el proceso para renovar la certificación. Involucró investigación científica con Inpesca, la creación de un Manual de Buenas Prácticas y nuevas medidas para reducir capturas accidentales, en colaboración con ATF Chile.
Estas acciones han fortalecido la forma en que se maneja el recurso, alineándose con los estándares del MSC y las directrices de la FAO. En esta ocasión, la certificación abarca a las empresas Blumar, Camanchaca, Landes, FoodCorp, Alimar y Orizon.
La subsecretaria De la Fuente valoró el acceso a certificaciones internacionales como una oportunidad para fortalecer la imagen de Chile, especialmente en sectores ligados a la economía azul y la seguridad alimentaria. Además, reafirmó el compromiso de la Cancillería con la sostenibilidad y la diplomacia económica.
Producción a gran escala, impacto local
Durante 2024, la flota industrial del Biobío capturó cerca de 720 mil toneladas de jurel, destinadas principalmente al consumo humano directo. En el caso de las conservas, el 65% quedó en el mercado nacional, lo que equivale a más de 34 millones de tarros disponibles para los hogares chilenos.
Pero el impacto va más allá de las cifras. La actividad jurelera es clave para la economía del Biobío: genera empleo, dinamiza encadenamientos productivos y forma parte de la identidad industrial de la región ligada a la pesca pelágica.
Incertidumbre normativa preocupa al sector
No todo son buenas noticias. Macarena Cepeda, presidenta de los Pescadores Industriales del Biobío, expresó su preocupación por la falta de estabilidad regulatoria. Aseguró que las inversiones a largo plazo en la industria del jurel necesitan certezas, y que ciertos proyectos de ley que buscan “refundar” el modelo industrial podrían poner en riesgo el trabajo en zonas costeras que dependen de esta actividad.
Un referente internacional
Según el Marine Stewardship Council, la historia del jurel chileno es un caso ejemplar de cómo la colaboración entre el Estado, la ciencia y el sector productivo puede revertir la sobreexplotación y abrir mercados exigentes que solo aceptan productos certificados.
Con la recertificación ya en marcha, el sector busca ahora fortalecer su presencia internacional y seguir cuidando un recurso marino que ha logrado recuperarse en la última década.


