En la antesala de una reunión internacional decisiva, organizaciones de América Latina, Europa y Norteamérica enviaron una declaración conjunta a la Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur (OROP-PS). El mensaje es directo: hacen falta medidas urgentes para regular la captura del calamar gigante en aguas internacionales.
La iniciativa fue impulsada por el Comité para el Manejo Sustentable del Calamar Gigante del Pacífico Sur (Calamasur) y apunta a un problema de fondo. Hoy, en alta mar, rige en la práctica un sistema de acceso abierto. Eso significa que no existen límites globales de captura, y la flota china concentra casi toda la actividad.
El calamar gigante —también conocido como jibia o pota— no es un recurso menor. Es uno de los más importantes del Pacífico Sur, con desembarques que superan el millón de toneladas al año. Entre 2019 y 2023, Perú concentró el 51% de las capturas, China el 41% y Chile el 7%.
Un recurso clave para miles de familias
En Perú y Chile, esta pesquería es el sustento de decenas de miles de pescadores artesanales y de más de 6.000 embarcaciones. Y aquí hay una diferencia importante: dentro de las aguas nacionales, la actividad sí está regulada. Existen cuotas anuales y, en el caso peruano, vedas reproductivas.
El problema, según las organizaciones firmantes, es lo que ocurre fuera de esas aguas. En alta mar persiste un vacío regulatorio. Allí opera una flota china de 671 embarcaciones de gran escala, sin límites de captura definidos bajo criterios científicos comunes.
Alfonso Miranda, presidente de Calamasur, lo resume así: la OROP-PS fue creada para evitar la pesca sin reglas en alta mar, pero ese objetivo aún no se cumple. En los 13 años de funcionamiento del organismo, China habría capturado alrededor de cinco millones de toneladas de calamar gigante sin un respaldo científico que garantice su sostenibilidad. Solo entre 2020 y 2024, sus desembarques anuales superaron las 400 mil toneladas, un aumento cercano al 65% respecto de la década anterior.
Señales que preocupan
A esto se suman alertas científicas. Investigaciones presentadas por el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) advierten indicios de deterioro en la población que habita en aguas internacionales.
El comunicado también pone sobre la mesa una desigualdad evidente. Mientras los pescadores artesanales de países costeros deben cumplir cuotas basadas en criterios técnicos, la flota que opera en alta mar no enfrenta restricciones equivalentes. Esa asimetría, sostienen, ha permitido que China desplace a Perú como principal productor mundial en algunos años recientes.
Una alianza poco habitual
La declaración reúne a 17 organizaciones de pesca artesanal de Chile, Ecuador, México y Perú; 21 empresas y gremios del sector procesador y exportador; y 20 organizaciones de la sociedad civil, entre ellas la Environmental Justice Foundation, Oceana y The Pew Charitable Trusts.
No siempre han estado del mismo lado. Pero esta vez coinciden en algo esencial: sin reglas efectivas en alta mar, la pesquería de calamar gigante enfrenta un riesgo real.
Panamá 2026: el momento decisivo
Las organizaciones respaldan nueve propuestas de conservación y manejo que se debatirán en la decimocuarta reunión de la OROP-PS, prevista para marzo de 2026 en Panamá. Entre las medidas se incluyen límites precautorios de captura, regulación del esfuerzo pesquero en aguas internacionales, mayor monitoreo y fiscalización, y resguardo de los derechos laborales de las tripulaciones.
El mensaje final es claro: proteger al calamar gigante no es solo una cuestión ambiental. Es también un asunto económico y social que impacta directamente en miles de familias del Pacífico Sur.


